Sin ver el sol y dejando la piel: así fue trabajar en el Túnel de la Línea


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A las 4 de la mañana, el aviso de su esposa ya le decía que era hora levantarse nuevamente, alistarse y salir para esperar la buseta del trabajo que lo llevaría a la zona de obra. Faltando 15 minutos para las seis de la mañana, con su casco, sus botas y toda la indumentaria necesaria, ingresaba a la excavación del Túnel de la Línea para recibirle el turno a su compañero que acababa de terminar su jornada nocturna.

Así fueron, por muchos años, los días de Jorge Ever Marín Ariza, cajamarcuno de nacimiento, padre de dos hijas y esposo de Lady Alexandra. Este tolimense de 51 años empezó a trabajar en la obra del Túnel de la Línea cuando tenía 29 y el proyecto lentamente pasaba de idea a ejecución.

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Dejó su labor de arriero y agricultor en la finca de sus padres, para darle, literalmente, la mano a la construcción más ambiciosa de Colombia. En 2004 empezaron las excavaciones para el llamado “túnel piloto” o de prueba, que se abrió para conocer la topografía del lugar y ver si de verdad la imponente cordillera Central daba permiso para ingresar a ella.

Un trabajo así es para valientes

Confiesa que a veces le da risa escuchar a la gente externa comentar que “ese túnel, tan demorado”, porque, aunque no desconoce los muchos problemas que fueron retrasando la obra, asegura que nadie se alcanza a imaginar lo que significa perforar una montaña para hacerle la vida más fácil a los viajeros y transportadores.

 “Había una falla geológica muy grande. La falla de La Soledad. Ahí se necesitaron muchos materiales para acondicionar el terreno, porque la roca era muy inestable. A veces, en 24 horas no se avanzaban sino 50 centímetros en esa falla”, nos cuenta Jorge.

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Describe que “adentro se sufre por el calor, los gases, la contaminación, el ruido de las explosiones. Horas después de una voladura, uno entraba y se escuchaba como la roca se rajaba. Después de la explosión, hay que esperar casi una hora para sacar todo el humo”.

“La jornada de trabajo en el túnel es agobiante porque a medida de la excavación, la luz del día ya no se ve. Uno entra antes de las 6 de la mañana, oscuro y sale a las 6 de la tarde. No se ve el sol por más de 20 días que dura el turno”, recuerda este trabajador.

Haciendo el curso completo

Arrancó en 2004 como ayudante, fue perforista, estuvo en el equipo de excavación y voladura, operó las bombas de concreto, también fue lanzador de hormigón, capataz y finalmente supervisor de cuadrilla. Su zona fue el “frente Tolima”, como los trabajadores llamaron a los sectores de obra. Por cuadrilla eran 50 obreros y en ese frente había por lo menos, 8 cuadrillas.

Añade que por lo general los colombianos no confían en la propia mano de obra y trajo a la memoria cuando el embajador de Japón en Colombia, en su momento, visitó las primeras excavaciones en La Línea, porque se rumoraba que obreros del país del sol naciente, vendrían a construir el anhelado túnel, “porque supuestamente ellos sí sabían”.

Jorge, recordó a sus compañeros que dejaron la vida en el corazón de la montaña. Presenció algunos accidentes donde se desprendieron rocas, se desplomaron arcos de contención y hubo cortocircuitos en la instalación del sistema de iluminación. Dice que “son personas que uno nunca olvida, sobre todo porque uno estuvo casi que al lado del accidente”.

Orgullo colombiano

 “No importa que no pueda estar el viernes en la inauguración. Se que hice parte de esto y lo llevaré en mi corazón. Me siento orgulloso como colombiano por haber aportado mi esfuerzo y mi trabajo en esta gran obra, por lo importante para el país y para nuestra región tolimense”, comparte Jorge Ever, con voz de orgullo.

 Otra cosa que lo hace sonreír, es ver a su hija de 24 años, ya graduada como ingeniera. Ella empezó a trabajar en los túneles pequeños que complementan el proyecto, cuyo faltante está programado para entrega en abril de 2021.

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 Para protegerla a ella, a su otra niña de 9 y a su señora, Jorge Ever Marín decidió retirarse del trabajo en marzo de 2020, cuando empezó a llegar el nuevo Coronavirus a Colombia. Afortunadamente, para esa fecha ya solo era adecuar detalles finales, aunque confiesa que un trabajo como ese le hace falta. “Eso es lo mío, ojalá me llamen rápido de otro trabajo, ahora que tenemos que convivir con el virus”.

 Antes de terminar la llamada que atendió desde Cajamarca para Canal Institucional, Jorge se escucha feliz por haber recordado esas vivencias y desea lo mejor para este túnel. “Dios quiera que dure por muchos años”.

DIANA CAROLINA FAGUA

 

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