Reintegrados encuentran en Panaca una nueva opción de vida


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En el corazón del departamento del Quindío, no solo se encuentra uno de los atractivos turísticos más importantes de Colombia; también el hogar y lugar de trabajo de quienes decidieron abandonar las armas y retornar a la vida civil.

Por: Ángela Quintero Rivera - Equipo Digital Canal Institucional

El Parque Panaca es uno de los lugares representativos del municipio de Quimbaya, pues cuenta con la muestra agropecuaria más amplia del territorio nacional. No obstante, este espacio le aporta a nuestro país mucho más que las generosas cifras que registra en el campo del turismo (según la ANATO, Armenia fue la sexta ciudad más visitada en el período de fin de año en 2016). Desde el año 2013, hasta este sitio han llegado los protagonistas del conflicto armado interno en Colombia, a capacitarse y a cumplir sus sueños. 

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A través de cursos teórico-prácticos, de 78 días de duración, miembros de la Fuerza Pública, campesinos, exguerrilleros y víctimas del conflicto armado se forman como técnicos agropecuarios, para poder desempeñarse en cualquier área del campo colombiano.

Los beneficiarios de estos cursos conviven y comparten sus historias durante la estadía en el parque, haciendo un verdadero ejercicio de construcción de paz y dinámicas de convivencia, necesarias para la etapa de posconflicto que vive Colombia, en la actualidad.

Dejando atrás las armas por una nueva vida

José Luis Amaya es reintegrado a la vida civil. Fue reclutado a los 16 años por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), luego de que guerrilleros asesinaran a varios miembros de su familia. Él militó en este grupo armado durante cinco años; mientras, dos de sus hermanos hacían parte de la Policía y el Ejército Nacional.

En sus ojos se refleja la tristeza que le produce recordar esta experiencia, en la que fue obligado a atentar contra la vida de personas que él no conocía y donde temía encontrarse cara a cara, durante un combate, con uno de sus hermanos. “El hermano mío decía que si me encontraba, pues era él o era yo”, dice.

José Luis llegó a Panaca, de la mano de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR). Hoy, es uno de los estudiantes del parque, quiere dejar atrás los tormentos de su pasado y está empeñado en salir adelante y utilizar sus nuevos conocimientos para ayudar a los campesinos de su comunidad.

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La tierra del café, antes y ahora

El departamento del Quindío sufrió fuertemente el drama del conflicto armado colombiano. Entre 1985 y 2012, se registraron homicidios, desaparición forzada, reclutamiento de menores de edad, secuestro, tortura, entre otros. El homicidio, delito de mayor ocurrencia, alcanzó el 82% de las víctimas declarantes, según la Unidad de Víctimas (leer informe).

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La zona suroriental del departamento, integrada por municipios como Génova, Calarcá, Pijao y Córdoba, fue una de las más afectadas por estos hechos violentos. Sin embargo, el panorama durante los últimos años ha mejorado notablemente y el Eje Cafetero es, en la actualidad, una de las zonas más visitadas por colombianos y extranjeros, que encuentran en sus increíbles paisajes la opción para sus vacaciones.

Allí, se gestan a diario las historias de diálogo y reconciliación, que necesita un país que construye la paz. Historias como la de José Luis demuestran que entre víctimas y victimarios puede construirse una nueva Colombia y que la reconciliación sí es posible.

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