La pandemia de la contaminación: otro legado del covid-19


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Este año, el llamado ha sido a protegernos, salvar vidas y aislarnos. Pero dentro de muy poco, el grito de auxilio de la naturaleza será más fuerte, debido a los numerosos desechos de elementos de bioseguridad que han llegado a los lugares equivocados impactando gravemente ecosistemas de tierra y agua.

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En el nacimiento del río San Juan de Micay, en Argelia, Cauca, lastimosamente la contaminación siempre ha sido notoria. Hace un mes, cuando la Fundación Ecohabitats hizo un recorrido por la zona, comprobó que la situación está empeorando por la mala disposición de residuos tóxicos como los tapabocas, que se usan masivamente durante esta etapa. No es muy diferente en el municipio de Timbiquí y su río, donde se ven suspendidos en el agua, elementos usados de bioseguridad y otros sólidos que finalmente van a terminar en el Océano Pacífico.

“Hay protocolos para la bioseguridad de todos, pero no hay ningún protocolo para el manejo que se le debe dar a estos desechos. Ahora tenemos una gran demanda de tapabocas, donde se multa si no se usa, pero no hay una estrategia clara de hacer prevención, recolección y manejo de estos residuos”, advierte en Canal Institucional, Luis Alfonso Ortega, director de áreas protegidas y cambio climático de la Fundación ambiental Ecohabitats.

Mejores opciones para la bioseguridad y el medio ambiente

Liliana Patricia Paz, es ecóloga y directora ejecutiva de Ecohabitats, fundación con sede en el departamento de Cauca, quien nos expone que resulta mucho mejor usar caretas con filtros que pueden tener una vida útil hasta de tres meses, dan mayor protección y a largo plazo es una solución más económica, que utilizar tapabocas quirúrgicos o incluso de tela. Esta alternativa es más amigable con el medio ambiente, pues, aunque también se convertiría en desecho peligroso, la amenaza a las fuentes hídricas disminuiría.

“En Australia, hay evidencia científica que determina que el componente químico de los geles antibacteriales y su uso excesivo, está afectando ecosistemas irremplazables como los arrecifes de coral. Cuando compremos estos geles, podemos preferir aquellos basados solamente en agua, alcohol y aloe vera”, recomienda Liliana, ante el peligro inminente que se viene para los océanos.

La educación empieza en casa

La cultura ciudadana juega un papel vital en la protección de los entornos naturales y eso, precisamente, es lo que más hace falta. Ecohabitats dice que la sociedad es consumista, pero a la hora de querer participar en estrategias para mejorar la disposición de cualquier residuo, son pocos los que se animan, porque ni siquiera desde casa se hace.

En esta charla con Canal Institucional, esta fundación caucana asegura que no es suficiente con almacenar en una bolsa exclusiva los tapabocas, guantes o caretas al momento de botarlos a la basura. Lo ideal es que empresas que se encargan de manera exclusiva de recolectar desechos tóxicos, los puedan recoger en los hogares y así garantizar un proceso correcto.

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Esto es un reto, y por eso una idea que propone Ecohabitats es que, en conjuntos residenciales, se hagan alianzas con empresas recolectoras de residuos tóxicos y que las familias se beneficien de alguna manera en sus cuotas de administración, siempre y cuando cumplan con la correcta separación de basuras.

El problema viene desde antes

Para Ferney Díaz, coordinador de comunicaciones estratégicas de World Wildlife Fund, WWF (Fondo Mundial para la Vida Silvestre) con sede en Colombia, el dilema actual entre seguridad y sostenibilidad deja en desventaja a la naturaleza, porque la gente prefiere sentirse segura. Por eso eligen fruta empacada en bandeja de icopor y papel film, o compran el tapabocas cubierto con papel celofán. “El uso de elementos de bioseguridad es apenas un pequeño pedazo de la gran torta que refleja la contaminación por plástico”.

WWF Colombia, también resalta que la crisis económica generada por la pandemia, provocó disminución en el precio del petróleo, que a su vez desencadenó menores costos en el plástico virgen. El problema es que las industrias van a comprar plástico nuevo o virgen y no el reciclado, lo que significa mayor producción de nuevos contaminantes.

“Antes de la pandemia se producían 400 millones de toneladas anuales de plástico, a nivel mundial, de las cuales 100 millones de toneladas terminaron directamente en la naturaleza”, señala Ferney Díaz de WWF Colombia.

Según un estudio que hizo el Fondo Mundial para la Vida Silvestre WWF, con la Universidad de Newcastle de Australia en 2019, se determinó que literalmente los humanos estamos comiendo plástico; casi 250 gramos al año. “La filtración de micropartículas de plástico en el agua, los sembrados y la sal, entre otros organismos del ecosistema, ha provocado que los seres humanos estamos ingiriendo lo equivalente al plástico de una tarjeta de crédito a la semana. Esto es muy grave pero no hay conciencia sobre ello, porque el problema no se ve”, advierte Ferney Díaz de WWF Colombia.

¿Y entonces, qué hacemos?

 WWF Colombia, recomienda en Canal Institucional:

1. Analizar los productos que tenemos en nuestro baño para ver todo el plástico que se consume (envases de shampoo, acondicionador, cremas cosméticas, de qué está hecho el cepillo de dientes, la caneca de la basura) y ver por qué recipientes de otro material reutilizable, podemos reemplazarlos. (Vidrio, cartón, bambú, etc.)

2. Disminuir el número de domicilios, teniendo en cuenta que muchas veces empacan la comida en icopor, acrílicos y bolsas plásticas.

3. Comprar la carne o las verduras, llevando nuestros recipientes de casa como ensaladeras, o tazones con cierre hermético para evitar que circulen más bolsas.

4. Seguir con el uso de bolsas de tela o de material reutilizable, para hacer toda clase de compras.

5. Preferir caretas con filtros o en su defecto, tapabocas de tela, geles antibacteriales con Aloe Vera y restringir el uso de guantes desechables.

DIANA CAROLINA FAGUA