'Mujer y vida', alzando la voz por las víctimas de delitos sexuales en El Salado


Yirley Velasco, víctima de abuso sexual y líder de 'Mujer y Vida'.

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Yirley Velasco tenía 14 años cuando fue agredida sexualmente por un grupo de paramilitares, que se tomaron el corregimiento de El Salado, en el municipio de El Carmen de Bolívar, el 18 de febrero de 2000.

Cerca de 450 hombres pertenecientes al Bloque Norte de las AUC, irrumpieron en  las zonas rurales de Ovejas, El salado y La Sierra, en los departamentos de Bolívar y Sucre, del 16 al 21 de febrero de ese año.

No solo perpetraron una de las masacres más dantescas de la historia de violencia armada en Colombia; también, torturaron a sus habitantes y abusaron de mujeres y niñas, que como Yirley padecieron las secuelas de una violación.

Tras más de 48 horas de terror, que terminaron con la vida de 61 personas -según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica- su familia decidió salir del corregimiento. Cuenta que todos los habitantes empacaron sus pertenencias en camiones y se fueron, pese a que corría el rumor de que el camino estaba minado.

“Me violaron a mí, pero toda mi familia estaba destrozada”: Yirley Velasco

“Acabaron con mi dignidad, con los sueños que tenía de ser una mujer, de llegarme a casar”, cuenta Yirley, quien, desesperada, intentó quitarse la vida tras llegar a El Carmen de Bolívar. No lo logró.

La llevaron al hospital del municipio y su diagnóstico fue aún más nefasto. “El médico pensó que de pronto era una decepción amorosa que tenía… Ahí comprendí que no era tan fácil”, asegura.

Decidió volver a emprender un viaje, esta vez a la casa de una tía, en Cartagena. Allí duró un año, encerrada, “sin salir, estudiar o trabajar”, agrega. Pero fue enfrentarse con sí misma  y el nacimiento de su hija – fruto de la agresión sexual-  lo que le dio la fortaleza para recuperarse.

Regresó con su familia y, tras conocer casos de otras mujeres víctimas, decidió contar su historia. “Cuando hice la denuncia, sentí que algo salió de mí”, dice. Y es que, para ella, hablar con otros sobre lo que sucedió aquel 18 de febrero de 2000, fue lo que, entre otras cosas, la ayudó a sanar el dolor.

Mujeres con la esperanza de una vida mejor

Tras regresar a El Salado, Yirley supo que no estaba sola. Habían otras mujeres que, a la fuerza, se convirtieron en víctimas de violencia sexual. Pero todas tenían algo en común: querían contar lo que había pasado.

“Alcemos la voz y digamos que aquí, en El Salado, sí hubo violencia sexual”, les dijo. Y esa sería la frase que las empoderaría a formar el Grupo Mujer y Vida, que apoya a mujeres violentadas sexualmente por integrantes de los grupos armados.

Con el tiempo, entendió que no fue culpable de lo que le ocurrió. Que para recuperarse de una agresión de este tipo, se necesita “lucha, fortaleza y unión”. Y que, de ninguna manera, la soledad es una opción.

Aún no ha tenido la oportunidad de encontrarse con sus victimarios, pero afirma que desde su corazón, los perdonó. “Si llego a ver a esas personas, los miraría con otros ojos… Con los ojos del perdón”, puntualiza.

“Para la sociedad, yo no soy una mujer buena, porque estoy alzando la voz”, concluye. Y aunque, cuenta,  ha recibido amenazas por su labor, dice que estas no son más que motivos para continuar su lucha por los derechos de las mujeres en los Montes de María.