La pólvora es un estallido para siempre: testimonios de sus víctimas


Foto: Colprensa

Conoce cuatro historias de personas que sufrieron de primera mano los estragos que puede causar la manipulación de pólvora.

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Según el Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Salud, la quemadura es el tipo de lesión más común por manipulación de pólvora, mientras que el tote es el artefacto que genera mayor número de casos.

Quienes han sufrido por estos explosivos cuentan sus historias con un fin: generar consciencia.

El 1 de diciembre, Colombia registró 16 personas lesionadas con pólvora. El 7 de diciembre fueron 69. Al día siguiente se reportaron 50. Y hace poco, el 17 de diciembre, otras 24 personas se quemaron por esta mezcla explosiva. Esos han sido los cuatro días con mayor número de casos en el territorio nacional.

Las cifras son difundidas por el Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Salud, en cuyo reciente boletín se confirma que el país totaliza 258 personas lesionadas con pólvora -151 menores de edad y 107 adultos-.

Mientras que el 57,4 % de los lesionados manipularon la pólvora, el 21,7 % eran “observadores”, se agrega en el informe.

La quemadura es el tipo de lesión más común (90,7 %), pero le siguen laceración (65,1 %), contusión (25,6 %), amputación (8,1 %), daño ocular (7,4 %) y daño auditivo (2,3 %).

Todos esos eventos fueron causados, en su mayoría, por totes (29,5 %), pero también por voladores, volcanes, cohetes, pitos, luces de bengala, juegos pirotécnicos y globos.

Ante las cifras que de nuevo está dejando el uso de la pólvora en la temporada decembrina, El Colombiano recogió testimonios de personas que sufrieron esta lesión. Ellos contaron su historia con la pólvora y quieren que sus palabras logren un cambio.

“Esa ‘belleza’ que tiene la pólvora trae tragedia y dolor”: Mauricio Tobón

El 28 de diciembre de 2015 estaba compartiendo en una finca, con mi familia y unos amigos, una fiesta decembrina. Allí permitimos que la pólvora estuviera presente y, estando como observador, sufrí la explosión de una llamada torta de luces de bengala, que decían que eran inofensivas, explotaron todas en un segundo, y uno de esos artefactos golpeó mi ojo derecho, me estalló el ojo derecho y perdí la visión por siempre.

Hoy tengo una lesión que llevaré por el resto de mi vida y que será, de alguna manera, una limitación física para desarrollar algunas actividades.

Estaba en Támesis, me llevaron inmediatamente al hospital de La Pintada, donde me dieron una primera atención para tratar de estabilizarme, detener la hemorragia, limpiarme y trasladarme a Medellín.

Me enviaron a la Clínica del CES, allí tenían que hacer una enucleación, que es extraer el ojo para evitar que se terminara contaminando el nervio óptico, que me llevara a perder también la visión por el ojo izquierdo. Me practicaron esta cirugía, y después tuve unas cinco o seis operaciones para tratar de reconstruir parte de mi rostro.

Me manifestaron que se podía haber afectado la membrana que cubre el cerebro y podría haber sido un daño cerebral agudo, que me tendría en otra parte. Eso no sucedió gracias a Dios, a las personas que me acompañaron y a todo el cuerpo médico.

Esa ‘belleza’ que tiene la pólvora trae tragedia y dolor. La pólvora no es un elemento que alegre las fiestas decembrinas, sino que, por el contrario, es un elemento destructor de la felicidad y de la belleza de la Navidad.

Cualquier ciudadano debe pensar que, al prender pólvora para alegrar su fiesta, enciende la tristeza y el dolor de su familia, y que puede dejar una marca imborrable, como me quedó a mí para toda la vida.

“No me imaginé ser tan fuerte”: Elizabeth Lebrun

Mi accidente ocurrió el 1 de enero de 2020. Iba caminando por una calle de Envigado y de repente me cayó un volador en el pecho, haciendo heridas graves en mi cara, manos y pecho, obviamente.

Me trasladaron al hospital, allí estuve 14 días internada. Me hicieron tres cirugías plásticas: una de reconstrucción de cartílago de la nariz y oreja, otra de colgajo -en el cuello, por los 12 orificios que me dejó la explosión- y una cirugía de sellado.

Tuve perforación de tímpano, una cirugía que apenas me realizaron hace un mes, aún no recupero la totalidad de la audición. Tuve una pérdida del 60 % de la audición en el oído izquierdo.

Sigo en tratamiento por un año más, junto con fisiatras y fisioterapeutas. Me aplico diariamente, cada dos horas, antisolar y acetato de aluminio o alguna crema que me hidrate las cicatrices, y debo usar unas mallas, unos elásticos que previenen que la cicatriz no se vuelva queloide, se deben utilizar las 24 horas, solo me las retiro para bañarme, y así durante dos años.

Las personas que tiran pólvora no piensan en que ellos se pueden ver afectados ni en que hay personas a distancia que también se pueden afectar. Nadie pensó que eso podía suceder y es como una bala perdida. Hoy me siento bien, gracias a Dios mis secuelas no son muy notorias, pero otras personas no la han pasado tan bien.

“Le cogimos mucho más miedo a la pólvora”: Rubiela Orozco Tobón

El 31 de diciembre del año pasado estábamos en la casa de mis suegros, dando el Feliz Año, pasadas las 12, y estábamos en un corredor que hay antes de entrar a la casa. Mi mamá y yo estábamos sentadas dando la espalda a la calle.

Pasó un pelado en bicicleta, no sabemos si tiró una papeleta a un muñeco que estaban quemando cerquita de la casa o nos la tiró, porque cayó muy cerca. Estábamos hablando y de un momento a otro sentimos una explosión muy dura al pie de nosotros.

Mi mamá y yo nos agachamos porque quedamos demasiado aturdidas, y pues los otros gritaron porque pensaron que nos había caído la papeleta encima.

Mi mamá entró corriendo a la casa, gritando: “¡Mi oído, mi oído!” Miramos y no tenía sangre, no le veíamos quemones, entonces le decía que seguramente era el aturdimiento. Pero se seguía quejando, le dolía mucho. Le insistimos que fuéramos al médico, pero no quiso.

En la madrugada tenía demasiado dolor. Esa noche le habíamos puesto un algodón y estaba lleno de sangre. Fuimos por urgencias, se veía quemado el oído hacia dentro, pero no se sabía qué tanto porque estaba muy inflamado, lleno de sangre, entonces debíamos esperar.

Cuando consultamos en la EPS, la doctora le dijo que se le había perforado el tímpano. Uno sí nota que perdió un poquito la audición. A veces le hablamos y ella no escucha, o llegamos y tiene el televisor muy duro.

Le cogimos mucho más miedo a la pólvora, y eso que desde antes le teníamos recelo, porque ni la manipulábamos. Fue una papeleta, que es más pequeña y sin embargo miren todo el daño que causó.

“Hay muchas formas de divertirnos, pero no con la pólvora”: Luis Germán Rodríguez

Estábamos en una fiesta tirando papeletas por un balcón y al momento en que la fui a tirar, se quedó pegada en la mano. Me encalambré los dedos, gracias a Dios no me los corté. La abuela me hizo una curación, eso duele mucho y el estallido en los oídos fue demasiado fuerte.

Otra ocasión fue cuando, también estábamos reunidos en una fiesta de unos amigos, todos estábamos tirando voladores. Yo fui a tirar el mío, casi que no lo suelto y al soltarlo cayó al lado de todos nosotros. Fue una cosa horrible, estalló muy duro. Desde eso tengo problemas de los oídos.

A uno le pasan las cosas y no aprende. Yo era feliz quemando pólvora, no me importaba la plata que me gastaba; hacíamos la recolecta y comprábamos docenas de voladores, pacas de papeletas. Parecía un niño cuando estrena un juguete, yo era así antes de que me pasara eso.

La pólvora no es un juego, es un peligro para los que están alrededor, la familia y uno mismo. Hay muchas formas de divertirnos, de pasar bueno en familia, pero no con la pólvora.

COLPRENSA