Salvando empleos en plena carrera contra el Covid – 19


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Lo más duro para William Vera, trabajador de 'Comercializadora Café Botero', es, sin duda, enfrentarse a una situación sin precedentes, algo que no había visto en 50 años de vida.

Todos lo afrontamos desde nuestra vitrina, lo acogemos y combatimos a nuestro modo, o simplemente esperamos con paciencia a que termine.

Él, a pesar de definir a la pandemia como 'lo más duro que le ha tocado vivir', enfrenta al coronavirus y lo hace con su trabajo, dedicación y la mirada puesta en el mismo horizonte de millones: el deseo de reencontrarnos en un mundo mejor.

William llega a casa después de una jornada en la que tuvo que presentarse a su trabajo y cumple con las recomendaciones de desinfección, para luego acostarse y encomendarse a Dios.

Al amanecer, reanuda su conversación con él e incluye en su rutina a su familia, con una esposa a la que quiere cuidar a toda costa, pues es paciente de alto riesgo, por un problema pulmonar, y con quien no puede tener mucho contacto.

Se une a ellos uno de sus hijos, que hace sentir a William afortunado, por su presencia en casa. Su otra hija está en Francia, una distancia que se acentúa más con la situación que atraviesa el mundo. William sabe que es una oportunidad para que la lejanía no los venza y, por eso, le ve un lado positivo al asunto: a través de videollamadas, ha podido unirse un poco más a los suyos.

Lo hace pese al Covid – 19, a que debe vivir en apartamentos distintos a sus seres queridos, a la responsabilidad que recae en sus hombros de ser más cuidadoso, por su esposa, por su hijo; lo hace pese a que tiene que salir a cumplir sus obligaciones, entendiendo el riesgo y con el miedo natural al contagio.

Para ir a trabajar, le gusta caminar, con la ventaja de tener cerca su trabajo. Al transitar su camino, se encuentra con las caras nerviosas de quienes están afuera y se ven descubiertos en la calle, como si no tuvieran que estar ahí. Interpreta gestos de preocupación, de angustia o infelicidad. Y también advierte a aquellos que 'se creen Superman', como él dice, y piensan que el asunto no es con ellos, que nada pasa, o si pasa, no los va a afectar.

Él mismo se confiesa predispuesto, por lo que le es inevitable ver a una persona cerca y esperar que cumpla con la distancia social impuesta. Siente que ahora vive a la ofensiva. Total, sale a trabajar con su tapabocas, guantes y gel, entendiendo que esta lucha no es contra el otro, sino contra otro enemigo que llegó para probarnos.

William llega a su trabajo, en donde el ambiente inevitablemente también se ha contagiado. Allí, en 'Comercializadora Botero', hay algo más fuerte que la incertidumbre que nos acompaña: es el impulso de no dejarse ganar por la situación, de mantener la productividad que beneficie a cientos de trabajadores y, de paso, aportar a la sociedad en estos momentos que una mano amiga se requiere.

'Comercializadora Café Botero' inició comercializando productos desechables y café. Su dueño, John Freddy Arango Botero, provisto de un olfato comercial interesante, le apostó al auge ecológico que surgió hace unos años. Ese mismo que hoy, en tiempos de coronavirus, lo llevó a volcar toda su producción para realizar y entregar tapabocas, como forma de ayuda y partiendo de su lectura del mercado.

Arango Botero es cuñado de William, quien es el representante legal de la empresa, de ahí la importancia de la presencia en la compañía. Los dos pensaron en la gente, más allá de hacerla teletrabajar, reducirle sus posibilidades o, incluso, despedirla.

Estas dos últimas opciones nunca las contemplaron: optaron por mantener a mucha gente en operación, con un propósito muy firme de atender la necesidad tan grande que sobrevino a un país que también postró su mirada en los elementos de protección.

Así, William y Arango encontraron la forma de generar una luz de esperanza en un momento de sombras, para construir en medio de destrucción: con su iniciativa, pudieron generar empleo, contratando a gente que les pudiera colaborar en la empresa que se pactaron con los tapabocas. Usaron la proyección necesaria para no afectar a sus colaboradores.

Estando en su trabajo, William aún debe enfrentar la situación que enfrenta el mundo, adentro y afuera: habla con sus compañeros, siente la preocupación del mañana, que es general y, junto a ellos, se aferra a la expectativa por lo que vendrá.

Le preocupó la economía de su hogar, lo inquieta saber si tendrá los mismos ingresos, para ver si puede responder ante los bancos. La realidad de ser parte de una empresa familiar también lo angustió, pues las personas que trabajan allí sostienen la base de la compañía.

También enfrenta la realidad de muchas compañías del país: el cómo afecta el coronavirus a cada empresa, a cada historia y a todo ser humano. Aún así, con la tranquilidad del buen trabajo de su lado, debe volver a casa, recorrer los mismos pasos y llegar a para encontrar a su esposa e hijos a salvo y volver a hablar con Dios.

William tiene un mensaje de esperanza, fortalecido por la labor de la empresa donde trabaja: este ingeniero industrial, otro de los miles de trabajadores que aún debe salir de casa y cumplir, pese a la amenaza que suscita la pandemia, quiere que todos se protejan, piensen en sus familias, que sepan que esto se va a acabar y nos encontraremos en un mundo en el que disfrutaremos lo que tenemos, para hacer más importante la vida.

Este es un homenaje a personas como William Vera, que se ponen su trabajo al servicio de Colombia.

JUAN DAVID CORTÉS L.

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