“Mamá, esa comida sabe a feo”: la denuncia de una madre sobre el PAE


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Sandra Ardila es mamá de tres hijos que en 2018 tenían cinco, ocho y nueve años. La menor de los tres estaba en preescolar y llegaba todas las tardes a decirle: "mamá, yo no quiero comer más esa comida que me dan en el colegio. Eso sabe a feo"

En diálogo con Canal Institucional, dice que se siente indignada e impotente al ver las noticias de los últimos días y confirmar que las sospechas de su hija pequeña y los dos hermanos, eran ciertas: la comida que les estaban ofreciendo en el colegio bajo el Programa de Alimentación Escolar PAE, era carne de burro y caballo, además contaminada con químicos para ablandarla, descompuesta y de animales enfermos.

Sandra recuerda que le insistía a su hija que comiera lo que le daban en el colegio: "Mamita, por favor, coma". Yo le decía eso porque en la casa muchas veces uno no puede darles una proteína y ella me respondía "mami por favor, no quiero comer más eso".

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Ante las súplicas de su hija, decidió ingresar al Comité de Alimentación Escolar con otros padres para averiguar qué estaba pasando con los alimentos y encontró el primer obstáculo: No la dejaban ingresar a la cocina por algo paradójico: Podía contaminar los víveres y lo que se cocinaba.

Su corazón de mamá no le permitió darse por vencida y tomó un curso de manipulación de alimentos virtual en el Sena, para poder entrar al comedor del colegio donde sus tres hijos estudiaban.

"Entré y hablé con varios niños y me decían que la carne siempre estaba dura y había mucho desperdicio. Los niños botaban la carne.

Entonces hablé con las señoras que cocinaban y les dije que eso estaba mal cocinado porque la carne les quedó dura y me respondieron que "llevaban desde las cinco de la mañana con la pitadora prendida y a veces eran las 11 de la mañana y eso no ablandaba", cuenta esta mamá.

Decidió reclamar por escrito y hacerle saber a todo el que fuera necesario, que la alimentación que estaban recibiendo sus hijos y demás estudiantes, tenía serias fallas de calidad.

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"Las denuncias se hicieron a tiempo. Como padres de familia nos manifestamos ante la Secretaría de Educación y Salud en 2018. También hablamos con la coordinadora del colegio, con el rector. Ellos se daban cuenta de los olores de la carne y que los niños no estaban consumiendo los alimentos. Mandamos una carta también al operador para que hicieran algo, antes de que se intoxicara un niño", relata.

Sandra dice que nunca les prestaron atención y cuando hubo una respuesta, fue para prometer el cambio de operador y afirmar que todo estaba bien, que no había de qué preocuparse.

"Nada cambió. Un día mi hija volvió a decirme: "mami, hoy la carne era desmechada, pero eso sabía horrible. No me la pude comer. Entonces ese día volví al colegio y sí vi que la carne estaba desmechada y además tenía un color raro. Ese día, de casualidad llegó un funcionario de la Secretaría de Salud y nos dio un correo para contarle todo. Escribimos, pero nunca pasó nada".

Recuerda que sus tres hijos tenían constantemente mucho dolor de estómago, pero ella nunca lo relacionó con la comida del colegio. Alguna vez tuvieron diarrea y vómito y cuando los llevó al médico, le dijeron que no se preocupara porque era un virus.

Después del contacto que tuvimos en Canal Institucional con la Procuraduría General, en el que afirman que el PAE debe rendir cuentas por lo menos dos veces al año ante los padres de familia, Sandra dice que en 2018 no hubo esos espacios, solo hasta este año, pero las quejas que pusieron hasta el momento no han tenido respuesta porque actualmente hay 180 niños que no reciben el alimento.

La Procuraduría también asegura que es obligación dar a conocer el menú, a lo que Sandra responde: "Sí, nosotros conocíamos el menú. Recuerdo que afuera ponían lo que los niños iban a comer, por ejemplo: yuca, arroz, lenteja, una ensalada de pepino y carne. Justo ese día fue cuando las señoras de la cocina me dijeron que se demoraron mucho porque les tocó desmechar la carne a ver si los niños se la comían".

Además, esta madre envió un derecho de petición a la alcaldía preguntando por las porciones y le respondieron que "son adecuadas, porque a los niños en Colombia no se les brinda un almuerzo sino un complemento nutricional", por lo que las cantidades supuestamente eran las correctas.

En esta conversación, Sandra admite: "¡Me da una vergüenza!, porque mi hija me dice hoy que ve las noticias: "mami, si ve que yo le decía y usted no me creía. Y me quedé pensando: Dios mío, dejamos esto así. Mi otro hijo me dice, mami, ojalá metan a la cárcel a todos esos, porque sino, el otro año vuelven y nos dan burro".

Asegura que le da tristeza escuchar a todas las entidades a las que ella acudió en su momento, decir que hoy se declaran víctimas. "Si tuvieron una alerta, por qué no siguieron y de pronto investigaban a tiempo. Le pido a la justicia y a los medios de comunicación que esto no se olvide, porque a veces es noticia de una semana y hasta ahí llegó".

Manifiesta que se siente ignorada como madre de familia, que debe resignarse y con pesar en su voz, dice que por ser de estrato dos, "siempre se la montan a ellos".

"A los niños hay que defenderlos y protegerlos integralmente. La corrupción tiene que parar porque esta corrupción atentó contra la vida de mis hijos. Atentan contra la vida de los más vulnerables, los más pobres".

DIANA CAROLINA FAGUA